Ser médico en este país es una decisión que se toma una vez y se sostiene todos los días: con recursos que no alcanzan, con colegas que se fueron y no volvieron, con un sistema que exige sin dar, con familias que esperan en casa mientras estás del otro lado de una emergencia que no avisó.
Y aún así, sigues. Sigues estudiando, sigues actualizándote, sigues eligiendo esta profesión aunque nadie te lo reconozca públicamente.
Eso es extraordinario.
Y lo extraordinario merece ser visto. Merece ser encontrado. Merece que cuando alguien escriba tu nombre en Google, lo que aparezca esté a la altura de todo lo que no se ve: de todo lo que has sacrificado, de todo lo que sabes, de todo lo que eres.
Esa es la razón por la que esto es lo único que hacemos. Y el privilegio de hacerlo, es mío.